Por: @Danielagarciag

Víctor Gaviria, director de cine y poeta. Pleno de facetas, cuando habla de cine le brillan los ojos y revela esas ganas de compartir el conocimiento a través de su experiencia de más de 30 años.

En los filmes que lleva haciendo por más de tres décadas hay un denominador en común: esa esencia de querer mostrar la realidad de una sociedad fracturada por la violencia de diferentes épocas. Y diferentes manifestaciones de esa violencia.

Rodrigo D tiene ese halo lúgubre de la sociedad de los años 80 en Medellín. Ese anhelo de pretender salir adelante, pero no ver el futuro más allá del próximo amanecer.

La mezcla entre clases sociales, aires revolucionarios y notas del punk y rock marcaban la cotidianidad de esa Medellín que buscaba florecer. Personajes con aires aspiracionales y deseos de crecimiento trazaron los comportamientos de una generación de la que aún hoy somos testigos de sus herencias.

El cine de Gaviria porque así se le debe llamar con todo el poder que la frase puede contener, atestigua un ADN certero  y un dejo de rebeldía, si se quiere. Su cine, cine de autor, tiene la capacidad casi mágica de contar historias de golpes, miserias y violencias de una manera tan fluida que se puede comparar con lo natural del ojo humano. Un arte lleno de más sombras que luces, que logra que su público se inquiete y sienta incomodidad, esa que se despierta ante algo que aunque no se quiera ver, ahí está. Indemne.

Y Gaviria lo muestra.

Sin adornos, sin excesos de luz. Rotundo. Doloroso. Real. Tan real que duele y obliga a desviar la mirada.

articulo victor gaviria

 

La música y la moda como formas de expresión de identidad que narraban esas historias detrás de los personajes. Personajes reales, sin máscaras y sin guion, la realidad de un ser humano contando una historia. Sin actuación, donde hasta la forma de hablar caracteriza un lado diferente de la realidad. “En cada palabra había poesía, era la expresión de su ser”, menciona el director.

Características precisas, admiradas y vituperadas, del arte que crea Víctor Gaviria, ese apasionado que recuerda que “cine viene de cinismo”. Y él intenta que sus creaciones se acerquen lo más posible a la realidad. Y si alguien las cuestiona por cínicas, antes que insultarlo lo estará honrando.

Marcó y sigue marcando el cine de un país en el que la realidad social se esconde detrás de una cortina y donde sus películas son como una suerte de cachetada que sacude, que busca hacer reaccionar, porque descubren lo que pocos se atreven a mostrar. O al menos no con sus maneras radicales, tanto, que aturden.

Así es Víctor Gaviria, un director sin guion, que cuando le preguntan si prefiere un día gris o soleado es capaz de verles ventajas a los dos, que no cambia por nada unos buenos frijoles y que al vestirse busca es pasar lo más desapercibido posible.

Es un ser de dualidades,

refleja una calma interior opuesta al deterioro de la condición humana que muestra su arte,

articulo

 

ese que a él le sirve de catarsis para plasmar la violencia de una década, que evoca con un toque nostálgico y a la vez tormentoso.

Uno de los nombres más importantes del cine colombiano, el que mejor ha mostrado los grises de una ciudad marcada por la violencia, pero que aún dentro de ese panorama siembra esa semilla de luz cuando está perdida la esperanza.

En una conversación de una hora le faltan palabras para describir la realidad de una época, pero en una película de 120 minutos es capaz de retratar a toda una generación. Larga vida al lenguaje Gaviria en el cine colombiano.

Palabra de Gaviria

Apuntes del director sobre ese cine de los 80.

“Había poesía en el lenguaje de los personajes, era la expresión de su ser”.

“La música era una expresión de la violencia social”

“La moda y la música terminan siendo esa forma de expresión y de generación de identidad que expresa lo que verdaderamente está adentro”.

“Ellos acceden a la moda para disfrazarse, era una moda desentonada, un poco circense, una moda que se editaba y se creaba en las boutiques de los barrios”.

“El arte como una forma de expresar la realidad social”.

“La violencia se volvía lenguaje”.