Bordar la vida cotidiana

JIlustrar personajes a partir del bordado es la narrativa que eligió Martina Avellana para ir más allá, recoger elementos de la herencia materna y abrir una ruta de escape al mundo digital.

Fotografía: @Fabianmedina_photo

Texto: @Beatrizarango

Martina Hernández Avellaneda tiene un diploma como testimonio de sus estudios de Diseño Industrial. Y en su hoja de vida aparecen varios nombres de empresas en el apartado “experiencia laboral”. Y en el alma, allá donde habita la esencia, están tatuadas las palabras ilustradora y bordadora. Un encuentro vital. Un acer- camiento a la historia de la madre, a quien vio coser durante muchos años. La estampa familiar también es- taba en los genes y en ellos la presencia de Martina Ave- llana, la artista que encontró la manera de fundir sus pasiones y saberes en una labor que hoy la hace sonreír. No se equivocó cuando emprendió su búsqueda vital. Su exploración más personal.

“Hago ilustración en bordado”. Así, de manera concre- ta define su oficio al que llegó por la pasión por la moda, la fotografía y el arte de las puestas en escena. Martina basa sus ilustraciones en la fotografía de moda, específi- camente en las posturas de los personajes.

A ella le interesa expresar el movimiento del cuerpo y de la ropa, todo lo que vemos en sus cuadros de pe- queño formato se basa en textiles. Otra forma de contar historias que parecen familiares, bien por su calidez o por la cercanía que logra Martina en las vistosas com- posiciones manuales.

Tal vez por eso llegó a esa ruta. Quiso volver a lo ma- nual, luego de muchos empleos y escenarios recorridos en el universo digital. Y ahí, la frase que pronuncia una y otra vez: “ Me gusta explorar”.

“Mi formación es en diseño gráfico, empecé hacien- do diseño web y transmedia, enfocada a nuevos me- dios. En mi tiempo libre me gustaba ilustrar y empecé a hacerlo sobre camisetas, en las que bordé algunas le- tras y figuras abstractas”, cuenta.

Los amigos, cautivados por el resultado del diverti- miento de Martina empezaron a hacer encargos y empe- zaron a nutrir (¿o justificar?) esa necesidad de expresión.

 

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