Al encuentro de la fragilidad

El arte puede expresar las inquietudes más profundas del alma. En Luz Ángela Lizarazo suscita preguntas desde lo frágil, lo íntimo y lo que teme el ser humano. Lo suyo son las preguntas y las respuestas que surgen desde los materiales más inusitados.

Fotografía: @Fabianmedina_photo

Texto: @Beatrizarango

Luz Ángela Lizarazo ha estado dentro y fuera. En sentido literal y figurado. Atraviesa fronteras físicas. Se pregunta el por qué de las barreras. Esas que los humanos insistimos en construir. ¿Protección? ¿Temor? ¿Sufi- ciencia? ¿Y el otro, dónde queda? ¿Dónde lo dejamos?

Observa. Reflexiona. Se deja inquietar por lo cotidiano. La artista plástica igual se pasea por las fronteras mentales. Esas que alejan, que construyen muros, a veces, más insondables que el hormigón y el concreto.

Su trasegar habla de cinco años en París, antes de los años 90, una década en España y un regreso a Colombia en 2008.

Se refiere a su formación en presente activo, inacabado, constante. “En el arte siempre nos estamos for- mando. Todos los días recibimos información nueva y no paramos de aprender”.

Al mencionar su regreso y de sus impresiones de artista, las preguntas se hicieron presentes con más potencia. Quien vuelve tiene la forma del contexto, que no comparación, la posibilidad de ver desde afuera, de permitirse lecturas sosegadas, sin el ímpetu de la pasión que dan el tiempo y el espacio a los que se pertenece.

Y ahí podría sugerirse un protagonismo de uno de sus materiales recurrentes: el vidrio. Ese que deja ver lo que pasa dentro, y que, al mismo tiempo, dibuja la sensación de que puede desaparecer en cualquier momento.

“Empecé a trabajar con el vidrio en el año 2008, cuando regresé a Colombia y me di cuenta de algo que siempre había existido: las rejas. Solo después de estar lejos 10 años las observé y me llamó la atención que vi- vimos rodeada de estos elementos, pero no los vemos. Vamos por ahí como autistas”.

Y así nació la obra Celosías. “Veo las rejas, me obsesiono y empiezo a hacer una colección gigante de rejas de ventanas y puertas y claramente eso me habla de la fragilidad. Ahí el vidrio es el elemento perfecto para hablar de lo que está siempre a punto de romperse. Me interesa, sobre todo, romper la frontera y mostrar su fragilidad”.

Nostalgias

Luz Ángela Lizarazo ha puesto en escena esas manifestaciones del arte, bien desde el vidrio, la manipulación del alambre, la fibra capilar o la reflexión en torno a la piel, al cuerpo, con la construcción de formas a partir de medias de nylon o veladas de diferentes colores. Lo inesperado no le es ajeno, como tampoco el arrojo para atreverse a explorar, siempre en busca de sus respuestas.

“El rol de los artistas es observar el universo que nos rodea y cada uno elige de ese universo y entre todas las preguntas que se hace qué lo motiva. Uno va eligiendo los asuntos esenciales que le parecen más cercanos o le producen más inquietud, más nostalgia… Esos son los sobre los que uno quiere llegar más a fondo”.

Y así, confiesa, que el tema de la fragilidad, lo público y lo privado se instaló en su obra. “En esa medida, al hablar de oficios, me fijé en el vidrio como el material que expresa la fragilidad”.

Ese significado que ella busca compartir desde su obra, es la cuestión esencial. Esa fragilidad la define como “La constante sensación de estar expuestos, al peligro, a diferentes tipos de peligros”.

Obsesiones

La palabra obsesión va y viene en la conversación. Aparece como esa presencia irrefutable. La de hoy tiene la forma de las fronteras. Un asunto contemporáneo, abrumador. Inexplicable a veces. Que rompe las entra- ñas, otras tantas. A esa obsesión, Luz Ángela les suma los movimientos humanos, los refugiados y sus verdades que se nos plantan en la cara como una ráfaga que rompe cualquier posibilidad de razonamiento.

“Todas las personas en campos de refugiados, con- finadas, intentando llegar a una vida mejor… Hoy me obsesionan los movimientos humanos tanto como las grandes desigualdades sociales, Y a nivel de Colombia las fronteras que continuamente nos estamos poniendo para separarnos del otro, para “protegernos”. Cada vez nos aislamos más”.

Nos convertimos en una sociedad de seres aislados. Y las palabras de la artista son tan poderosas como su obra. Esa sensación incómoda o de estupor que surge cuando se aprecia la muestra Fronteras. Alambres de púas elaborados en vidrio soplado incoloro. Lo duro y lo frágil. Todos los sentidos allí expuestos, ante una frontera.

Los materiales se imponen, dice. “Empiezo a trabajar un tema, establezco una conexión desde mi trabajo y esa obsesión omnipresente. Lo percibo como una presencia que llega y en ese momento ya sé qué ese será el material que me permitirá hablar más allá. No solo la imagen, también la forma para expresar lo que quiero decir”.

Teniendo en cuenta, claro está, que la lectura del espectador es individual. “Lo que para mi es hacer un alambre de púas en vidrio, para otra persona puede significar eso y mil cosas más”.

La suya es una obra para dejarse tocar. Para abandonarse a ella y permitir que surjan sensaciones. Luz Ángela trae la fragilidad como arte, como verdad.