Andrea Landa. Diálogos de cuerto y arte

Andrea Landa regresó después de 8 años a las montañas de Colombia. Francia, Italia e Inglaterra quedaban en el pasado como escenarios de formación, personal y profesional.

Texto y fotografía:

@Juandjj

Andrea encontró en ese viaje una razón de ser a los cueros y gamuzas con los que creció. El talento de su mamá, Ana Aguirre, se manifestó en una colección premiada como la mejor de su grado del Instituto Marangoni.

Andrea pasaba vacaciones en Colombia, con la idea de regresar a Europa y trabajar para alguien más. Vino con ganas de irse sin saber que iba a quedarse.

Sus manos, como las de su madre, ágiles para trabajar el cuero y fuertes para coserlo, fueron la clave para experimentar con materiales poco convencionales en la creación.

Casi que a la fuerza nació su primera colección oficial en Colombia. Una llamada del Valle y Andrea tomó su libreta y terminó de bocetear su primera pasarela y la entrada al negocio de la moda en Colombia en Caliexposhow.

De su madre no solo heredó los conocimientos sobre los manejos del cuero, sino un taller repleto de memorias, manos expertas en el material y cuartos llenos de retazos con los que experimentó para crear arte.

AM ¿Cómo combinas lo artesanal con lo comercial?

AL Es algo que se ha ido aprendiendo a través de la maduración de la marca; si realizamos una retrospectiva de lo que ha sido Andrea Landa, se puede observar que hay una evolución dentro de los conceptos que ésta desarrolla… Pero siempre conservando mis sellos, mi trabajo artesanal en cuero; a tal punto que se convierten en un emblema de la marca. Y son algunas de mis piezas las que han testificado este proceso, como los sobrepuestos y el chaleco de cortes. Y también está la implementación de básicos, más limpios y lisos.

AM ¿Cómo eliges las técnicas para cada colección?

AL Detrás de cada colección hay una inspiración, referentes, fotografías; texturas que no son reales, o texturas que lo son: como un piso rayado y los recuerdos que este posee en sus marcas, de un oxidado, o cómo una silla de mimbre puede dar a luz a una colección como “Reinas Tribales”.

A partir de esos referentes se empiezan a experimentar las técnicas como el esterillado, mallas, malla de pescado, macramé, croché, anudado, trenzas y mi favorita: el corte manual.

AM ¿Por qué usar las manos para transformar el cuero?

AL Es algo que desde el principio ha estado claro.

No es simplemente el uso de una técnica artesanal; es el uso de una técnica tradicional. Una técnica que viene de generaciones atrás, de las manos de una madre a una hija. De familia en familia. Así fue mi colección pasada, que se basó en el origami. Todas las mallas que he trabajado testifican a las tribus y pueblos que viven de la pesca, es así como rescato esas tradiciones a través de lo que hago; más que explotar una técnica, es enaltecerla.

AM ¿Imperfección o diferenciador?

AL Siempre he usado las imperfecciones en mis tejidos, me fascina hacerlos irregulares. Usar el cuero como materia prima implica tener imperfecciones, se pueden ver las marcas naturales del animal, se puede ver su historia, de dónde viene; y esto es algo que siempre he valorado. La nueva colección está inspirada en wabisabi, que es la aceptación de la vida a través de la imperfección.

AM ¿Cómo se acopla lo artesanal a nuestra cotidianidad, que a veces pide algo más simple?

AL Todo el mundo quiere algo simple, algo cómodo.

Cada vez nos vestimos más sencillo; por eso lo que bus- co es que cada prenda sea atemporal, que sea versátil, que dure para siempre. Ahí está la clave: se puede vestir sencillo, pero si se usa una de mis piezas, se puede cambiar la comunicación de lo que usas. Actualmente, todo en Andrea Landa es más curado, más limpio, y reinventamos esas piezas clave para buscar la comodidad de las personas.

AM ¿Cómo desmitificar lo artesanal en la era digital?

AL Nos interesa mucho comunicar acerca de la evolución de la materia prima hasta que se convierte en prenda, resaltamos muchísimo el trabajo manual, el movimiento, las arrugas; todo lo que hace que nuestra prenda sea genuina y única. Digitalmente es imposible vender una prenda que hay que ver, sentir y oler.

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