Empinados sobre el agua

La arquitectura vernácula en las zonas más húmedas del Pacífico colombiano es mucho más que estructura: es una unidad de medida, una imagen del poder, es cambio, es juego, es habitar la selva.

Fotografía: @Federicogp91

Texto: @Marianatoron

“La arquitectura, amigos míos, es un gran arte basado en dos principios cósmicos: belleza y utilidad”, dice uno de los personajes del libro El Manantial de Ayn Rand. Para el caso del Pací co colombiano habría que incluir otro principio, tal vez no cósmico, pero sí quizás cos- mogónico: vivir en la selva.

La selva hace parte de la cotidianidad, de las cos- tumbres, de la identidad. Y de la mano de la selva está también el agua. El choque de nubes de los vientos del Pací co y la cordillera occidental hacen del Chocó uno

de los lugares más húmedos del mundo, con precipita- ciones anuales que superan los 9000 mm. Por eso en Riosucio y Carmen del Darién, a orillas del río Atrato, sus habitantes están acostumbrados a las inundacio- nes y, por ende, también sus casas.

El pala to, con sus singulares estacas que levantan el piso sobre grandes masas de agua, es un tipo de cons- trucción que existe también en lugares tan distantes del Chocó como Chile, Benín y Birmania. Esta arquitectura pone al hombre a cubierto de condiciones extremas de

lluvia, alta humedad e intenso calor, y representa tam- bién la singularidad de la cultura, la reconstrucción cíclica de la comunidad frente al diluvio.

“El territorio mismo va dando la cultura”, dice la artista Mayra Moreno, mientras recuerda: “en varias ca- sas, incluyendo la mía, me tocó ver ‘tabinques’, que son tarimas dentro de las casas para subir el piso, ahora son pocas las casas que los necesitan porque a la mayo- ría las han elevado”. El pala to incluso sirve como for- ma de medir el nivel del agua y el peligro latente de la inundación: “si el río sube a tal casa hay que evacuar”, explica.

Pero también es una medida del poder. En las ribe- ras del Urabá los niveles de las casas se vuelven jerár- quicos: “el más poderoso tiene la casa más alta”, explica Mayra. Porque “la infraestructura depende de dos fac- tores: el ingenio y la economía. O van a conseguir la ma- dera, la cortan, la cepillan, la inmunizan y propiamente la construyen o tienen el dinero para mandarla a ha- cer”. Muchos, incluso, “han intentado hacer las casas de concreto, eso demuestra poder, porque tienen que traer los materiales de afuera, no son autóctonos, y necesi- tan más recursos. Pero tienen muy poca durabilidad, se van hundiendo. Por lo general las viviendas de ladrillo son obras públicas: el colegio, la alcaldía, el hospital”.

Por eso los chocoanos generalmente usan maderas nativas, que permiten cambiar la altura según la in-

clemencia del clima: el abarco, el caracolí, la ceiba, el cativo, la choiba, el chanú, el cedro y el roble son las herramientas para hacer una simbiosis con el medio. Eso no signi ca que algunos no busquen moderni- zar sus hogares: “se construyen las casas de madera, pero por dentro se hace un tapizado con una especie de drywall, en plástico, les ponen baldosas, por lo cual la estructura de madera se convierte solo en el esque- leto”, y las ventanas, el marco para admirar el paisaje.

“Las inundaciones las disfruté mucho cuando era niña: era tener una piscina afuera de la casa”, cuenta la artista plástica que hoy reside en Medellín. Para los niños la naturaleza implacable es diversión; las aguas son sus piscinas y la fauna silvestre, babillas, culebras, insectos, las gallinas y los pájaros multicolores, sus mascotas.

Ante el vigor del “otro lado, la selva impenetrable”, en vez de aplastar, dominar, domesticar el entorno, los chocoanos conviven con él. Aprovechan los recursos autóctonos, usan la madera nativa, construyen puentes entre la lluvia y luego los destruyen en las temporadas secas, juegan en el agua, viven con la fauna, miden el riesgo del desbordamiento, exponen el poder. La arqui- tectura vernácula en el Chocó es el soporte del hombre para habitar, en todo el sentido de la palabra, su territo- rio. Es parte de la identidad, es magia, es mito.

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