El recuerdo de Mabiland

LA INTRO

No puedo empezar de otro modo: debo confesar mi gran emoción al haber sido encargada de entrevistar a Mabiland. Hace un año la vi por primera vez en escena, y desde ese momento, me atraparon sus letras honestas y directas que pasan del hip hop al soul de manera natural y pegajosa. Música capaz de conectarte con el desamor, el amor, el desahogo, la rabia… Lo cotidiano; y esto mientras bailas al ritmo de la canción sin darte cuenta. No podía negarme a una conversación con esta mujer hecha de veintitrés años de vitalidad, entusiasmo, tenacidad y talento. La oportunidad de mirar a la cara su historia y entender un poco de su esencia, esa que ha surgido entre el Pacífico y Medellín: sus orígenes y contexto.

Texto: @MariaTeresaMesa

Fotografía: @Sierrafoto

La entrevista ocurrió y fueron, quizás, más de sesenta minutos de audio, una conversación larga y tranquila, el material suficiente para escribir un texto que plasmara la voz de Mabiland a través de mi mirada.  Sin embargo, por un hecho fortuito, el audio se borró y el resultado de mi encuentro con una de las artistas musicales más prometedoras de la escena actual colombiana no es el producto de una entrevista sino del recuerdo.

Chaqueta de Jorge Duque.

EL RECUERDO
Mabiland y yo nos encontramos al finalizar la tarde de un sábado, ella llegó a la cita después de un arduo día de grabación y reuniones. Se notaba cansada de la jornada, una apretada agenda que gira de lleno alrededor de lo que hoy es su proyecto de vida: la música.
Caminamos hasta un popular restaurante de comida del Pacífico. Allí, acompañadas de patacones con carne de jaiba, consomé de pescado y un ceviche mixto, inició nuestra conversación.
Le pregunté por su vida en Quibdó, la ciudad donde nació y se crió; para mi sorpresa, describió la imagen de una chica que solía guardar silencio, una que aún no cantaba, pero que ambicionaba con sigilo un sueño, mientras atesoraba la compañía de su abuela y los atardeceres en el malecón sobre el río Atrato.

Chaqueta de Revancha Revancha / Top, cinturones y riñonera de Undergold / Pantalón de True / Anillo de Tigre de Barajas Marín / Anillo de plata de House of Laguna.

Al escucharla hablar, resultó claro que la nostalgia innata de la región y la problemática de la cultura del Pacífico, definieron desde muy temprano en ella una conciencia política y crítica, unida a la sensibilidad por la poesía que le inculcó su madre.  Así mismo, pude entrever que la Mabiland que hasta los dieciocho años vivió en Quibdó, no le contó a nadie que dentro de ella había unas ganas enormes de expresarse… De plasmar sus recuerdos… De compartir sus sentimientos y contar sus historias. Así las cosas, la Mabiland que en 2013 llegó a Medellín, al bajar del avión se prometió cumplir el sueño que albergó en silencio durante largo tiempo.
Ante sus ojos, Medellín resultó ser un provocativo territorio por explorar y colonizar. La calle, la gente y su diversidad alimentaron su esencia pacífica y visceral, una fusión que, sin duda, le dio impulso a su voz. Una voz que encontró su primer escenario en el Teatro de la Universidad de Medellín, cuando ante más de mil personas, cerró un evento académico, al interpretar una canción que escribió para una de las materias que cursaba.  Ella afirma que la adrenalina fue tal, que no recuerda nada de lo que pasó durante la presentación, excepto que, al bajar de la tarima, tenía claro que se dedicaría de lleno a la música. Un giro de tuerca que la puso en la ruta de su proyecto musical, una propuesta que rompió su silencio y trajo consigo letras que suenan a río, tradición, fuerza, cemento, emoción, irreverencia y tenacidad. En mi memoria, Mabiland, la chica que hoy encarna uno de los nuevos sonidos más propositivos de Colombia es parca, enérgica, segura y directa. También, un ser acorazado, que custodia una gran carga de sensibilidad y le apuesta a su certeza, un particular tira y afloje en el que la vida misma es el material principal, el resultado de las historias que se cruzan en ella, algunas marcadas por la cadencia y la herencia del Pacífico; otras, por el vértigo, las montañas y los sofismas de Medellín. Precisamente, de Mabiland, esto último es lo que más me impactó, cómo a través de ella pueden vislumbrarse el bagaje innato y el adquirido.  Las huellas de dos territorios distantes que hoy configuran un atractivo reto sonoro, una propuesta artística que es voz y presencia. Y que sin embargo, en este texto, no son más que un recuerdo.

Vestido de Carlo Carrizosa.