Manuela; del barro a la tela

Manuela sabe de costura, bordados y confección desde que era niña, y es que aunque su familia se ha dedicado principalmente a la medicina, los cortes y retazos siempre han hecho parte de su vida. Es una herencia ancestral, dice, un legado transmitido por sus abuelas, que a su vez lo heredaron de aquellas que estuvieron antes. Aún así, su historia no siempre se bordó sobre tela.

Por: @Frankinbv

Nació en Barcelona y a los 4 años se mudó a Colombia y, viéndolo con ojos inmaduros, se enamoró de él. Es colombiana, afirma, lo son sus padres y lo es su familia, sin desconocer el país que la vió nacer. Es ávida con la arcilla, pero se decidió por la moda como carrera profesional. Ingresó a La Colegiatura Colombiana y en el 2013 nació Religare para posteriormente convertirse en su proyecto de grado. Dos años de arduo trabajo que se vieron interrumpidos cuando decidió trasladarse a Barcelona, España, para estudiar artes y dedicarse a su otra pasión: La escultura y la cerámica.

El año 2017 significó su regreso a Colombia, donde tomó la decisión de continuar con la herencia de su familia: La costura.

Religare significa “volver a unir” en sánscrito, y es como si Manuela lo hubiera planeado desde sus inicios, porque a pesar del período ausente, su presenté volvió a unirse con su pasado, y hoy es una historia que cuenta con optimismo, quizás porque detrás de sus acciones también existe una intención de volver a unir a las personas de Medellín con el origen. El taller de cerámica, puede esperar.

AM Religare significa “volver a unir”, ¿qué esperas unir?

MP En la vida todo debe ser circular: La moda, la naturaleza, la conexión que existen entre el cielo y la tierra. Cuando conoces un poco más sobre esto te das cuenta que sostenibilidad es también rescatar conocimientos escondidos en nuestro país. Actualmente hay un aproximado de 86 etnias en Colombia; personas que viven en comunidad con la naturaleza, un legado hermoso, y si aprendemos más sobre esto es posible volver a conectar con la tierra, sin la necesidad de hacer cambios drásticos en nuestras vidas.

AM Dentro de tus objetivos, ¿siempre has buscado presentar una propuesta sostenible?

MP Una de las primeras colecciones de Religare estaba compuesta por vestidos estampados con impresión digital, una de las técnicas más sostenibles de estampar, ya que no contamina el agua. Poco a poco fuimos tomando más conciencia. No es un secreto que la moda es la segunda industria más contaminante, y es compromiso de los que nos desenvolvemos en la misma tomar acción para reducir el impacto. 

AM Moda sostenible, una expresión que hoy en día se usa a la ligera; ¿cómo lo aplicas tú? 

MP Trabajamos con comunidades indígenas, pagamos el precio justo; trabajamos también con tres talleres de madres de familia, y en nuestros procesos no utilizamos el plástico. Adicional a esto las fibras de nuestras prendas son, en su mayoría, naturales, principalmente algodón y el lino.

AM En una época de mayor conciencia, ¿quiénes son los principales consumidores de Religare?

MP Mujeres jóvenes entre los 25-45 años, también mujeres entre los 50-65 años, aproximadamente. Ocurre algo muy curioso y es que es muy común ver en la tienda a madres e hijas comprando prendas juntas. Aun así, creo que mis clientes dependen más del estilo de vida que llevan; a lo mejor son personas más autocríticas, conscientes. Y si hablamos de geografía, son un 50% colombianas y otro 50% extranjeras.

AM ¿Cómo manejan la producción?, ¿es local, extranjera?

MP Importamos algunos insumos, pero la mayoría se obtienen en Colombia. Trabajamos con algodón orgánico, lino y tencel, y fibras y tintes vegetales que son proveídos por comunidades indígenas de nuestro país.

AM ¿Qué tan difícil ha sido dar con estos?

MP Es un poco más costoso que fabricar prendas convencionales, pero creo que el verdadero costo se mide a partir de otros factores. El planeta se está muriendo. Deberíamos ser más como las abuelas que compraban pensando en la calidad y en algo atemporal que a la vez durara mucho. El precio es solo una variable más.

AM ¿Cómo ha sido tu experiencia al trabajar con las comunidades indígenas de nuestro país?

MP He tenido el honor de trabajar con los Wiwas y los Coreguajes, labor que se ha convertido en un retiro espiritual y en una escuela de conocimientos. Con ellos encuentro el silencio y la sabiduría que necesito para diseñar; he aprendido a vivir de manera más tranquila, a trabajar en equipo, a entender qué es lo que ellos quieren comunicar; a conectar con la tierra.

AM Para cerrar, ¿qué es lo que más te enamora de Colombia?

MP Me encanta su clima, su diversidad. Basta con subirse a un carro y viajar durante tres horas para llegar a un lugar completamente diferente; tenemos costas, montañas y llanos. La cantidad de extranjeros que llegan todos los días no es coincidencia. Adicional a esto, la energía de su gente la hace también un país mucho más bonito.

A Manuela aún le quedan muchas historias por bordar, y actualmente lo hace desde KA Local, ubicado en el barrio Provenza, en Medellín, donde también comparte espacio con la marca Tigre de Salón; un lugar que busca volver a unir el origen con lo contemporáneo, a partir de pequeños detalles reminiscentes de un tiempo cuando el desarrollo aún no competía con lo que, por definición, es natural.