Carta editorial: Pacific 02 Issue

Fotografía: Luis Martin Velasquez Estilismo: Felipe Espinosa Peinado & maquillaje: Verónica Simpon, Catalina Uribe & Vanilia Visage Modelos: Yuliot Perea, Mallerlyne Salcedo, Hansell Martínez, Ivanna Sandoval, Shirly Arce & Loui Martinez Texto: Camila Ortiz Calle

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Texto: Camila Ortiz Calle

Este viaje comenzó con un encuentro fortuito; un encuentro que se dio entre un sinnúmero de hilos que conectó el destino. Un encuentro con el maestro Yuri Buenaventura, cantante colombiano de salsa, quien llegó al estudio del fotógrafo Felipe Loaiza en Medellín, gracias a la gestión del Director de Arte Harold Ortiz Sandoval, quien nos acompañó en la portada de la primera edición de Armattura Magazine y ha creído en este proyecto desde el inicio.

La misión de este encuentro era crear la portada para el álbum Manigua de Yuri Buenaventura, un repertorio inspirado en una selva tan densa, tan tupida, que es imposible de penetrar. Cuando se le preguntó al maestro por la inspiración de este álbum en particular respondió que, como mestizo siempre buscó la manera de encajar completamente en la comunidad con la que creció y en esta selva, en sus mitos y cosmovisiones, entendió que el hombre, sin importar el color de su piel o de dónde provenía, no podría nunca entrar; ni negritudes, ni colonizadores; esa selva era tan suya, como de cualquiera, libre para interpretarla, pero nunca para tocarla. Y es allí donde encontró su lugar.

Yuri, tan en sintonía con su Pacífico querido, recorre la historia de sus reencarnaciones como un repertorio de canciones, mitos, luchas, de encuentros kármicos y lazos eternos. Su herencia africana y amor por su tierra, manifestados en cada uno de sus versos, se convirtieron en la inspiración de un año dedicado a nuestro Pacífico querido, a la realización de un viaje que comenzó en las playas de Arusí y terminó en las de Tumaco. Un año dedicado a proponer nuevas miradas, a conocer las historias de cada uno de los individuos que protagonizan esta edición y, así como el maestro Yuri, ven en esta época el momento de la reivindicación y del fortalecimiento, una oportunidad para cambiar las narrativas y abordar un territorio desde diferentes perspectivas.

Gracias a ellos los retos que nos impone el impreso se vuelven más importantes y gratificantes, como tener lealtad a las hojas e historias destinadas a perdurar en el tiempo. Estas páginas dedicadas a relatos tan valiosos como las expresiones de danza, música y gastronomía del festival Petronio Álvarez, la resiliencia de las comunidades para trabajar de forma honesta y sostenible, las construcciones en el cuerpo que tienen simbologías más allá de nuestra comprensión; es una edición dedicada al tiempo, al ritmo, al movimiento, al sentir de una tierra olvidada y relegada, pero donde la voz de aquellos que la habitan crece con ímpetu por su propia determinación de darla a conocer, de hacerla respetar, y de algunos otros dispuestos a entender, a ayudar a alzar más su voz.

Este viaje terminó en una noche caleña de baile, de salsa en Saperoco con el Maestro Buenaventura, quien siempre sonriente, dispuesto y con humildad, saludó a los asistentes y a quienes después de escuchar corear su nombre, les dio el gusto de subir al escenario y tomar el micrófono: “Cuando yo empecé en la música la banda mía era una banda negra, pero poco a poco la gente se fue dispersando del proceso. Cuando entro aquí el primer orgullo grande que sentí fue la unidad étnica de la banda, y ojalá, cuando llegue a la fama, no vayan a abandonar los sueños primarios de la inocencia de estar entre amigos. Permítanme de parte de todo este público felicitar la sonoridad, felicitar la musicalidad, pero sobretodo felicitar la fraternidad que transpiran.” Se despidió y siguió tarareando las conocidas canciones que con ánimo tocaban los músicos, permitiéndome entender la energía que me rodeaba, entender que Él allí, en medio de música y gente alegre ya había encontrado su lugar.

Esta ha sido la edición más bella de realizar, por la sabiduría de los amigos que trajo consigo.