El camino de la seda

La tradición milenaria de la seda teje esperanza de vida en el Cauca
Fotografía: Miguel Varona @miguelvaronafoto Texto: Tamara Gonzalez Litman @tgonzalezlitman Agradecimientos a: Colteseda @colteseda, María Aidé Navarro & Parra Parodi @parraparodi

La siembra, la sericultura y el tejido son los tres pila- res que visten de esperanza y progreso la población de Timbío en el departamento del Cauca, al sur de Colom- bia, donde un grupo de 13 mujeres emprendedoras da vida a un sueño que sustenta a más de 150 familias.

Por: @Tgonzalezlitman

El viaje cultural que se hila desde los capullos de la seda, lleva el lujo, la delicadeza y el brillo a la vida de cientos de campesinas, emprendedoras, sericultoras y tejedoras que en medio de la guerra se aferraron a esta cultura aprendida como medio de supervivencia.

Cuentan las madrinas de los gusanos de Timbío que la historia de la seda tiene su origen en una coincidencia, similar a la de ellas, que en una de las poblaciones más violentas del país tejen fibras que parecen oro: Una tarde la emperatriz Si Ling-Chi, esposa del Emperador Amarillo, tomaba una taza de té en su jardín, cuando un gusano cayó del árbol en su taza y esta al sacarlo, descubrió el delicado y lujoso filamento del gusano. La emperatriz pidió a sus empleados que tejieran telas con los hilos, dándole vida al textil más lujoso del mundo.
Por años este tejido era exclusivo de la dinastía China, reservado a la realeza y las altas clases sociales, utilizado como ofrendas y como objeto de alto valor para el trueque. La sabiduría de su origen, proceso y tejeduría fue celosamente guardada en China como parte de los secretos del imperio hasta el día en que unos monjes, cargados de curiosidad, ingresaron a los cultivos de Morera, robaron gusanos en sus bastones y sus cabellos y los exportaron al mundo. Desde entonces la sabiduría ancestral ha sobrevivido a siglos de conquistas, tratados y adelantos tecnológicos que no logran aún reemplazar a la fibra reina en lo más alto de la pirámide textil.

En Colombia esta historia tiene su inicio en la década de los ochentas cuando en vista de la baja producción de café, la Federación de Cafeteros buscaba nuevas formas de trabajar el campo. Durante el proceso de investigación se reveló que en esta población caucana, cuyo nombre traduce del Quechua “entre ríos” haciendo alusión a su riqueza hídrica, se encontraba el hábitat perfecto para la crianza de los gusanos de seda, con una tempera- tura sobre los 24 grados centígrados, un grado máximo de humedad del 80% y una amplia disponibilidad de Morera, el árbol de las moras, su alimento vital.

Con el paso de los años, después de múltiples misiones asiáticas en suelo cafetero, llegaron los primeros gusanos de seda importados de Japón a Colombia. Así inició la recuperación de los terrenos de siembra de Morera, la construcción de la casa de los gusanos y la vida de la comunidad timbiana empezó a gestarse entre los cultivos, la tejeduría y la crianza de los gusanos, que conquistaron los corazones de los locales y los creativos de la región y el país, como Alejandra Parra Parodi, directora creativa de Parra Parodi, quien viajó hasta Timbío en busca de los hilos de seda sostenible y orgánica hecha en Colombia.

Explican las madrinas de la seda colombiana que esta fibra de origen animal, la más delicada y fina en su especie, inicia con la cría de los gusanos, cuya vida se divide en cinco ciclos que se extienden en un período superior a un mes. Para alcanzar el desarrollo óptimo y garantizar la vida de estos seres que tejen los capullos de seda en su última etapa de vida se requiere mucho más que paciencia.
Estas mujeres empoderadas del saber milenario e inmersas en la cultura de la seda, se encargan de alimentar y cuidar a los gusanos cuya vida depende de un entorno fresco, libre de plagas, seco y con poca luz, una alimentación rica en hoja de Morera y sobre todo mucho amor. “Yo les hablo a los gusanos, les digo que van a hacer unos hilos hermosos, que tienen que comer bien y descansar”, cuenta María Aide Navarro, líder de la comunidad con una voz dulce y llena de emoción.
En el interior de esta comunidad encabezada por las 13 madrinas de los gusanos, la sinergia es ejemplar: se escoge cada año una representante y vocera para asuntos externos a la crianza y se dividen las funciones en la finca equitativamente. Cada una tiene su momento del año a cargo de los bebés.

Chaqueta de Parra Parodi

En medio del caos que fue Colombia en las décadas de los ochentas y noventas, estas mujeres y sus familias encontraron refugio en la comunidad que construyeron con cimientos de cultura prestada, aprendida y apropiada, uniendo fuerzas y labores para sembrar un mejor futuro que ha dejado en su saldo un extenso terreno pro- pio y de gran sabiduría.
Y es que ¿cómo olvidar aquella amarga madrugada del 31 de octubre 1990 cuando la guerrilla se tomó Timbío por más de cinco horas, resultando en daños irreparables a la infraestructura local, el secuestro del alcalde y sus agentes, y la intimidación de toda la población? Esta y muchas otras cicatrices de la guerra se cerraron con hilos de seda; una pasión hecha arte que se convirtió en empresa, sustento y la seguridad de un futuro profesional para las nuevas generaciones, donde ya se cuentan con psicólogos y administradores de empresas entre los hijos legítimos de las madrinas.
Este sentido de comunidad heredado de la sericultura que fomentó la cooperación y la hermandad, es hoy el epicentro del único foco de producción de seda estable en la región, con una propuesta 100 % sostenible, libre de químicos y contaminación, tinturas naturales, procesos manuales y sostenibles.
Hoy por hoy la actividad se expande más allá de la seda misma, dándole vida a toda la comunidad con senderos ecológicos, turismo extranjero, la siembra masiva de Morera y la comercialización de prendas únicas que encuentran clientes en todos los rincones del mundo.