Nada puede ser peor que volver a la normalidad

Si como diseñadores empezamos por conceptualizar nuestros productos pensando en la misión que tiene al final de su vida, las cosas serían muy diferentes. Y no hablo del momento en que alguien decide comprarlo, sino del momento en que esa persona decide desecharlo

Por: @Camilaortizc

La crisis ambiental se ha convertido en los últimos años en la yuxtaposición de múltiples verdades que cambian dependiendo de la visión del sujeto. Se ha convertido en paisaje, en parte del día a día, parte de una realidad de la que no nos creemos dueños, una realidad abrumadora en la que no queremos participar. Pero por otro lado, existen quienes se hacen cargo de esta realidad a través de la acción.

Varias décadas y rebeliones tuvieron que pasar para que la palabra “sostenibilidad” dejara de considerarse una tendencia, una idea caprichosa; y en los últimos años, gracias a movimientos liderados por las nuevas generaciones, pudimos tomarlo como un tema de primera necesidad. Ahora, a medida que nos enfrentamos a la pandemia y a la necesidad de sobrevivir, debemos más que nunca entender que la única forma de hacerlo es rebelándonos contra nuestras antiguas costumbres de consumo y de vida.

Por Jack Dizz para Armattura Magazine

La moda depende de la modernidad, de un patrón disruptivo, de progreso e innovación, en otras palabras, una estructura de cambio que data desde la revolución industrial. La moda debe adaptarse al ‘zeitgeist’ de su tiempo, y hoy nos enfrentamos a una nueva revolución: una pandemia que nos ha mostrado como la emergencia climática no afecta solamente al medio ambiente, sino también a nuestras comunidades más vulnerables; una pandemia que nos enseña que es imperativo cambiar los discursos del ego, combatiéndolo a través de la empatía y la esperanza de que la moda se convierta en ese nuevo paradigma de elecciones personales, basadas no en decisiones estéticas, sino en lo que esa prenda representa. Ahora, valores como la solidaridad, la inclusión y la circularidad, deben cobrar más fuerza.

Como líderes, diseñadores, productores y medios, debemos entender la sostenibilidad como una serie de compromisos que abarca cada uno de los procesos productivos, y es esencial trabajar con los objetivos de desarrollo sostenible en mente: desde el inicio el diseñador debe trabajar en colaboración con sus proveedores, y escoger los ingredientes correctos para que su producto tenga una larga vida y que después de que esta termine, el producto pueda convertirse en una materia prima secundaria. Los líderes deben escuchar a sus trabajadores y entender su idea de bienestar, que en la mayoría de las ocasiones no solo implica el pago justo, sino una serie de experiencias transformadoras para su comunidad. Debemos dejar de producir en exceso y parar de incentivar la cultura del descuento, pues estas acciones invitan a comprar más y a generar más desechos.

Es necesario además educar a los compradores sobre hábitos de consumo más saludables; enseñar sobre el precio del producto, dar a entender porqué razón se está pagando una mayor o menor suma de dinero, qué procesos y personas están involucrados en la cadena de producción, comunicar si estos productos finalmente representan los valores de la marca y si están realmente alineados con los de sus consumidores. Ahora que las nuevas generaciones están más vigilantes de cada decisión que tomamos como marca, es necesario que exista un nuevo nivel de transparencia. Más que solo el trabajo creativo, el rol del diseñador se define por su habilidad para movilizar una multitud de actores, y por entender que el diseño y el arte son imperativos para la concientización y el cambio social.

Como consumidores también tenemos el deber de presionar a las grandes marcas para que empiecen a trabajar en torno a la circularidad, pues los cambios encaminados hacia la sostenibilidad son urgentes, pero no son una realidad hasta que no afectan los intereses económicos de los más grandes. La pandemia que vivimos hoy es la oportunidad para entender que la vía a la sostenibilidad es la misma vía que nos llevará al crecimiento económico. Cuando las grandes marcas exijan a sus proveedores servicios y materiales más éticos, responsables social y ambientalmente, se dará paso a que las pequeñas empresas tengan la oportunidad de acceder a ellos.

Preguntémonos entonces ¿En qué deberíamos estar invirtiendo en este momento? ¿Cómo estoy influenciando a mi circulo inmediato? ¿Cómo estoy participando en el cambio climático con las acciones de consumo que tomo en el día a día? Creo que aunque ya se ha hablado sobre el tema, aún tenemos mucho por reflexionar.