Ayer por Armattura. Hoy por el Pacífico

En Armattura contamos historias, y lo hacemos de la mano de diferentes talentos y comunidades. Pese a la situación que enfrentamos actualmente, deseamos que estas comunidades, continuamente olvidadas, puedan seguir contando historias desde sus oficios, porque han sido estas personas quienes nos han mostrado Colombia desde la diversidad, la cual conecta perfectamente con sus labores, dando como resultado el talento más puro.

Por: @Marianasoteloa

Para el desarrollo de la sexta edición de Armattura Magazine, decidimos emprender un viaje por el Pacífico, y al hacerlo nos dimos cuenta que una edición no iba a ser suficiente para mostrar toda la riqueza cultural que representa esta región. Nos embarcamos entonces en el Pacifico Norte, y allí tuvimos la oportunidad de conocer Nuquí, municipio ubicado en el departamento de Chocó.

Coquí

A 25 minutos en lancha desde el municipio de Nuquí, se encuentra Coquí, corregimiento donde las funciones cotidianas de los habitantes son la pesca y la agricultura, y sus principales ingresos se derivan del sector turístico, incluyendo toda la gastronomía que tienen para ofrecer en sus restaurantes.

Gran parte de las mujeres de la comunidad se han dedicado a la artesanía, creando artículos como lámparas, bolsos, tapetes, individuales y tejidos en tetera. Este oficio lo han desarrollado al punto de crear productos con los desperdicios del plástico, teniendo muy claro la necesidad de reutilizar este material. Fue así cómo les surgió la idea de hacer canastos de plástico, con el fin de que estos entren a reemplazar las bolsas comunes. Aunque ya tienen varios modelos construidos, no encuentran la manera de comercializarlos y hacer que esto sea rentable para ellas.

Fotografía tomada por Ana María Fandiño. Armattura Magazine

Como la mayoría de comunidades, Coquí se ha visto golpeado de diversas maneras con la llegada de la Covid-19. Su principal ingreso económico ha quedado frustrado por el pare en el turismo, sin huéspedes en los hoteles, ni clientes en los restaurantes o compradores de artesanías. A partir de esta situación, 65 mujeres de 6 corregimientos de Nuquí, pertenecientes al Golfo de Tribugá, decidieron unir fuerzas y le dieron vida a un proyecto que consiste en crear herramientas para la protección del virus, buscando cuidar tanto a la población, como a todo el personal del hospital. “Hemos creado un grupo de costura y ya hemos logrado fabricar mil tapabocas a mano en una semana” cuenta Alejandra Liévano, bumanguesa que decidió irse a vivir a Nuquí hace unos años. Adoptaron esta iniciativa como su proyecto de vida actual y se han dedicado a coserlos durante las últimas semanas.

Sin embargo, la realización de los tapabocas se dificulta por la falta de recursos, materiales y maquinaria. Fue así como vieron la necesidad de tocar puertas para encontrar una manera viable de colaborarse las unas a las otras, e iniciaron una campaña para recolectar donaciones con el fin de comprar máquinas de coser y herramientas que les permitan agilizar los procesos; de esta manera, pueden aportar al fondo colectivo y asegurarles ingresos a las familias encabezadas por las mujeres que hacen parte de esta iniciativa.

Empinados sobre el agua. Pacific 01 Issue

Como a muchos corregimientos del país, esta situación les ha desestabilizado su economía, y los ha hecho entrar en un estado de incertidumbre y angustia; sin embargo, y ante la falta de ayudas, tienen claro su talento y sus ganas de emprender. “A pesar del abandono, nosotros queremos seguir emprendiendo, queremos apoyo, queremos que los demás puedan ver que si existen personas que luchan por lo que quieren y que buscan dignamente salir adelante” dice Indelida, perteneciente a la comunidad de Coquí, o como prefiere que la llamen, Chola.

Si deseas apoyar su campaña de recolección para la compra de herramientas que les permitan continuar con la costura de los tapabocas, puedes ayudar a esta comunidad realizando un aporte voluntario en la siguiente cuenta:

Ahorros Bancolombia: 122-403328-82, a nombre de Juanita Castaño (Integrante de la Fundación Casa Múcura) o por medio de Nequí: 3104759037, bajo los mismos datos de la cuenta de ahorros.

Pacífico Sur…

Para la siguiente edición, continuamos el recorrido bajando hacia el Pacífico Sur colombiano, y su diversidad nos llevó a trabajar con tres comunidades diferentes. Empezamos en el Valle del Cauca, departamento repleto de paisajes y cultura, y fue allí donde conocimos a Amafracol.

Amafrocol

En la ciudad de Cali, se encuentra la Asociación de Mujeres Afrocolombianas (Amafrocol), organización que busca mejorar la calidad de vida de las mujeres afrocolombianas, resaltando su cultura, sus tradiciones, y enfocándose en actividades al rededor del ámbito social y cultural. Crearon en el 2004 el programa “Tejiendo Esperanza”, proyecto que gira alrededor del arte del trenzado de peinados de origen africano y que está compuesto por talleres, foros y un concurso de peinadoras. A través de este programa buscan fortalecer la identidad étnica y cultural de las comunidades afrocolombianas, y se ha convertido en un referente de las trenzas afro y de la racialización por el peinado. El proyecto le apuesta a la visibilización y posicionamiento de la estética afrocéntrica, a la exigencia de derechos y a la reclamación de espacios desde la diferencia. Se convirtió en parte integral del etnodesarrollo e independencia económica de las mujeres peinadoras que derivan sus ingresos desde el arte del trenzado.

Fotografía tomada por Sebastián Villegas. Armattura Magazine

Resis-trenzas. Pacific 02 Issue

También están enfocando sus esfuerzos en encontrar la manera de darle vida a la edición de este año del programa “Tejiendo Esperanza”. Tienen en sus planes de mediano plazo realizarlo de manera virtual, con invitados internacionales. Consideran que un evento tan importante, que lleva celebrándose durante 16 años, no puede quedarse sin edición en el año 2020.

Para estas mujeres, no ha sido fácil afrontar todos los retos generados por el virus y por las restricciones que este conlleva. Algunas integrantes de Amafrocol viven de la peluquería, son peinadoras o se dedican al arreglo de uñas, y actualmente se están enfrentando a un pare total en sus trabajos, y por lo tanto, no reciben ingresos. Unas han optado por la elaboración y comercialización de tapabocas para aliviar un poco su situación económica, y otras han logrado recibir algunas ayudas de sus familias, pero varias peinadoras se encuentran en situaciones más vulnerables.

Como comunidad, están realizando una campaña solidaria, con el fin de obtener recursos para las peinadoras de la organización que en este momento no pueden realizar sus labores, intentando alivianar un poco su situación. De esta manera, buscan aportes económicos voluntarios entre ellas mismas y aportes de externos. Si deseas donar a esta comunidad, puedes hacerlo a través de una ayuda voluntaria en la siguiente cuenta:

Ahorros Bancolombia: 03014730886, a nombre de Mallely Castillo.

Después de estar en Cali, pasamos al departamento del Cauca, y allí, en el municipio de Timbío, conocimos a Colteseda.

Colteseda

En el Municipio de Timbío, se encuentra la Asociación de Tejedoras de Seda (Colteseda), compuesta por 12 mujeres artesanas, la mayoría madres cabeza de hogar. Este grupo de mujeres se ha dedicado por más de 30 años a desarrollar el oficio de la sericultura, proceso que consiste en criar gusanos de seda bajo unas técnicas y cuidados especiales, con el fin de tejer capullos y así obtener los hilos más finos. Esta labor la realizan bajo tres etapas principales: criar los gusanos de seda, obtener los hilos y transformarlos, y por último, la comercialización. Todas las labores se las dividen entre las 12 mujeres, y se van rotando cada que se crían nuevos gusanos, de esta manera, todo el equipo logra realizar las tres funciones durante el año.

Fotografía por Miguel Varona. Armattura Magazine

El proceso de sericultura comienza con un grupo de 4 mujeres que se encargan de la crianza y cuidado de los gusanos, etapa que dura aproximadamente 45 días, y en la cual las mujeres los alimentan y los cuidan. En su último ciclo de vida, los gusanos tejen los capullos de seda. Toda esta tarea cobra vida en una finca donde tienen el cultivo de morera (árbol de las moras), alimento vital para estos seres. La finca es propiedad de las mujeres, y la consiguieron después de muchos años de esfuerzo y algunas intervenciones de identidades.

A la par, otras 5 mujeres se encuentran en el taller, donde tienen toda su maquinaria y se encargan del proceso de tejeduría derivada de los hilos de seda, o etapa que ellas llaman “transformación”, porque logran darle vida a sus creaciones a partir del hilo.

El Camino de la Seda. Pacific 02 Issue

Paralelo a esto, las otras integrantes, se dedican a la comercialización de los tejidos. Esta última etapa se realiza principalmente en la tienda que tienen en Timbío y en diferentes ferias y eventos a los que asisten. Adicional, hay algunos clientes esporádicos que les compran hilo para sus propias producciones, pero para ellas y por su generación experta en tejeduría, representa más rentabilidad hacer los tejidos.

Frente a la situación actual, las mujeres siguen trabajando en el proceso de cultivo de Morera (tienen más de 19.000 plantas) y en la crianza de los gusanos, todo esto en su finca, a la cual tienen permiso para desplazarse pese a las restricciones. Esta actividad deben continuar haciéndola porque el cultivo de morera se puede dañar, y la inversión que han hecho en este ha sido muy alta. Adicional, la crianza de los gusanos no puede parar.

Su principal frustración frente a la llegada de la Covid-19, se traduce en no poder vender la producción. El mayor porcentaje de sus ventas se hace en la tienda o en las ferias, y en este momento no pueden acceder a ninguno de los dos canales de distribución. La tienda la cerraron desde que se decretó el inicio de la cuarentena, y es allí donde venden todos sus tejidos y de donde obtienen el ingreso más constante para sostener a sus familias. La mayoría de las integrantes de Colteseda dependen 100% de este negocio. “Nosotras nos reunimos para hablar sobre ese tema, nos encontramos en la finca y discutimos los problemas en que estamos. Por el momento no tenemos solución, no vemos que podemos hacer, la mayoría vivimos de esto, de los pedidos y de cualquier cosa que vendamos, y todo eso quedó parado, la gente hasta apagó los celulares”, cuenta Aidé Navarro, representante legal de Colteseda. 

Las ferias de las cuales obtienen la otra parte de sus ingresos también están paradas. La cancelación del evento Manos de Oro que se lleva a cabo en Popayán durante la Semana Santa, las dejó sin ingresos y con el inventario de la producción que ya tenían hecha. 

Otra de sus preocupaciones es que no cuentan con recursos para poder pagar el arriendo de la casa donde tienen el taller, el cual deben seguir usando algunas veces porque cada 45 días, cuando se termina la crianza de los gusanos, deben ir a hacer la hilatura. Este proceso de transformación, se debe hacer inmediatamente debido a la frescura de los capullos de seda, o de lo contrario, perderían toda la cadena de producción. Adicional, tampoco han podido realizar el pago del local comercial donde tienen su tienda en Timbío.

A pesar de toda la situación, estas mujeres continúan con una lucha esperanzadora para salir adelante y continuar con este trabajo que da sustento a aproximadamente 150 familias. La calma en su voz al contar su historia es equivalente a las ganas que tienen de poder continuar dándole vida a sus artesanías.

Este grupo de mujeres artesanas está recogiendo aportes voluntarios, con el fin de poder pagar la casa donde tienen el taller y el local comercial, además de ayudar a las familias de las mujeres más afectadas. Si deseas donar a esta comunidad, puedes hacerlo a través de una ayuda voluntaria en la siguiente cuenta:

Ahorros Bancolombia: 86800047481. A nombre de Colteseda, Maria Aidé Navarro.

Terminamos este viaje en Nariño, específicamente en Tumaco, y decidimos unirnos a los ojos que han podido ver en esta región el lugar perfecto para cultivar diferentes productos que se han convertido en los mejores del país, principalmente, el cacao. Allí conocimos a Cortepaz.

Cortepaz

En zona rural de Tumaco, se encuentra la Corporación Técnica para el Desarrollo del Pacífico (Cortepaz), la cual nació hace más de cinco años y actualmente está compuesta por aproximadamente 200 familias agricultoras. Esta corporación se encarga principalmente de velar durante todo el proceso de producción del cacao de los cultivos de estas familias, y también de brindarle  estabilidad económica a sus integrantes, asegurándoles el precio justo por sus producciones, sin importar las fluctuaciones del precio derivadas de factores externos. Producen cacao tanto para exportar como para distribuir a nivel nacional. Su propósito es convertir su cacao en uno de los mejores del mundo, y anhelan que al hablar de su región, se piense primero en la calidad del cacao que producen, antes de asociarlos con la violencia del narcotráfico que los ha marcado durante tantos años debido a la siembra de cultivos ilícitos.

Fotografía por Sebastián Morillo. Armattura Magazine

Actualmente, estas familias cacaoteras están operando a media marcha, y han tenido que disminuir su actividad productiva. Sin embargo, están tomando las medidas de prevención y protección, pero al mismo tiempo saben lo difícil que es para el agricultor aislarse completamente, debido a que deben atender sus labores productivas porque es la única forma de generar su sustento. Adicional a esto, en las veredas donde viven estas familias, no cuentan con un buen centro de salud, ni con un buen acueducto, y en las últimas semanas, han tenido únicamente cuatro horas de energía al día. 

Además de haber bajado los niveles de producción, otra preocupación que enfrentan hoy en todo su proceso productivo, es la dificultad para movilizar hacia su cliente la producción de cacao que ya tenían. Actualmente no cuentan con transporte, o el costo de este es demasiado elevado, dificultando la comercialización de lo que ya está producido.

“Las familias de Cortepaz obtienen el 80% de sus ingresos de la producción agrícola, pero ante esta situación, no tengo cómo decir ni asegurar la manera en cómo se están alimentando”, dice Gustavo Mindineros, líder y representante legal de Cortepaz. Asegura también que la alimentación de los agricultores se está viendo en riesgo debido a lo difícil que se ha vuelto adquirir sus productos básicos. En este punto es importante tener en cuenta que la economía del agricultor es del diario, y bajo esta dinámica, necesitan ir más o menos tres veces a la semana a la cabecera para aprovisionarse, la cual se encuentra a una hora y media de distancia desde las veredas rurales donde viven. Este desplazamiento se ha dificultado por las medidas de pico y cédula, las cuales solo les permiten ir una vez a la semana al centro a hacer sus compras, y bajo este panorama, no tienen ingresos para comprar todos los víveres de una semana completa.

Tumaco quiere ser cacao, no coca. Pacific 02 Issue

A esto se le suma que el volumen de bienes a comercializar está a la baja, y se ha limitado el acceso a productos que vienen desde otras partes, lo que genera escasez de varios alimentos y un aumento en los precios, afectando la adquisición de la canasta familiar completa y generando como consecuencia la angustia y traumatismo por parte de la comunidad.

Pese a las complicaciones y los retos derivados de la pandemia, Gustavo recalca sonriendo la importancia de entender la enseñanza que nos puede dejar todo esto, y aprenderla realmente para aplicarla a lo que viene. Por ejemplo, con todas las restricciones, están afianzando mucho más las decisiones frente al direccionamiento del modelo productivo que quieren emplear, que atiende a la seguridad alimentaria, con bajo impacto climático y mayor generación de ingresos. Bajo el escenario actual, ven más claro que este modelo es una de las rutas que deben seguir fortaleciendo como comunidad, porque les permite disminuir la dependencia hacia los productos de otras zonas del país. “Afortunada o desafortunadamente, tuvo que llegar la pandemia para hacernos reflexionar mucho más” dice Gustavo. “Con esto nos damos cuenta que hay formas de que la gente desde su misma finca y cultivo, supla productos de la canasta familiar, eso se está fortaleciendo ahora y debe convertirse en una de las opciones más importantes para continuar dándole fuerza a este modelo”.

Directamente desde Cortepaz, y liderado por Gustavo Mindineros, empezaron un proyecto para buscar alternativas, que consiste básicamente en conseguir víveres y productos de la canasta familiar para entregarlos a las familias agricultoras más afectadas ante la situación. Si deseas apoyar a esta comunidad, puedes hacerlo a través de un aporte voluntario en la siguiente cuenta:

Ahorros Bancolombia: 894- 256206-58 a nombre de Cortepaz.

Fotografía por Sebastián Morillo. Armattura Magazine

Todos los fondos de recolección de aportes voluntarios mencionados, son iniciativas propias de cada comunidad. En Armattura, por medio de nuestro contenido, buscamos darle a conocer a nuestros lectores las formas de ayudar a estas comunidades rurales, continuamente olvidadas. Si deseas comunicarte con alguna comunidad en específico para ayudarlos en esta situación, puedes escribirnos un mensaje y te pondremos en contacto.